Julio, 2010
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Cuentos, leyendas y poemas ixcatecos y chocholtecos en libro de literatura oral oaxaqueña
En Santa María Ixcatlán hay una leyenda en la que se dice que en un lugar llamado Ndadechi (que significa barranca en lengua ixcateca), se aparece una mujer muy bella de piel blanca que siempre anda vestida de blanco y acompañada por un caballero de negro montado en un hermoso caballo, y que cuando los hombres se acercan a ella descubren que tiene patas de guajolote, hecho que obliga a éstos a huir de aquel lugar encantado.
Este relato popular, al igual que otros 44 cuentos, fabulas, poemas, chistes, refranes, juegos y adivinanzas, forma parte del libro Ni doteki llurgini (ngigua-ngiba, xuani). Lo que cuentan nuestros abuelos chocholtecos e ixcatecos, publicado recientemente en Oaxaca con respaldo de la dirección general de Culturas Populares a través del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC), del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
Su integración es obra de una paciente tarea de compilación de relatos orales que Margarita Andrés Hernández y Luisa Reyes Macías realizaron entre personas de la tercera edad de ambos sexos de 15 comunidades chocholtecas e ixcatecas, entre ellas Santa María Ixcatlán, San Miguel Tulancingo, Tlacotepec Plumas, San Pedro Nopala, Teotongo, Tamazulapan y San Juan Bautista Coixtlahuaca.
Los textos están impresos en edición bilingüe, chocholteco-español e ixcateco-español, cada uno con referencias de relatores, compiladores y procedencia. La mayoría hace alusión a lugares encantados, brujas, fantasmas, seres demoniacos y animales fabulados. La llorona hace acto de presencia en varias leyendas ngigua-ngiba (chocholteco).
Uno de los juegos, xuani (ixcateco), se llama perro-coyote y se practicaba en la fiesta de Todos Santos (noche del 31 de octubre) en el atrio de la iglesia de Santa María Ixcatlán, con la participación de jóvenes y niños asumiendo los papeles de un pastor, cabritos, perros y coyotes.
El juego requiere que el pastor se distraiga y descuide a sus cabritos; que los coyotes se roben un cabrito y se echen a correr, y que los perros los persigan. Después de una furiosa pelea entre los cánidos, ganan los auxiliares del pastor, regresando el cabrito sano y salvo a su rebaño.
Este juego fue recopilado por Sonia Andrés, María del Carmen Gutiérrez y Rocío Reyes Vargas entre los padres de familia del Centro de Educación Inicial y Preescolar de Santa María Ixcatlán, con traducción del xuani al español de Juana Guzmán. Los nombres ixcateco y chocholteco son aplicaciones nahuas impuestas a las lenguas originales de las etnias xuani y ngigua-ngiba.
Entre los relatos ngigua-ngiba resalta El pobre y el rico, contado por Pablo Maldonado Cruz y recopilado por Xa Esther Maldonado. La traducción al español es de Celerino Maldonado Cruz e Isabel Pérez López. Su contenido anecdótico es muy parecido al celebérrimo cuento Ali Babá y los 40 ladrones, de Las mil y una noches, aunque, a diferencia de éste, tiene un propósito moral.
Hace muchos años vivieron dos abuelitos en San Pedro Buenavista, uno era pobre y el otro era rico, el pobre vendía ceniza. Un día salió a vender ceniza en la plaza, pero se la compraron hasta en la tarde y le pagaron 20 centavos por todo, con esos 20 centavos se fue a la tienda y compró una máscara, después regresó para su casa. Al ir a medio camino se hizo de noche, se fue a la cueva de unos ladrones a pedir posada, le dijeron que pasara y lo invitaron a cenar lo que ellos comían. Cuando estaba cenando, los ladrones contaban su dinero.
De repente oyeron pasos afuera, salieron a ver qué era, el abuelito se puso su máscara y salió detrás de ellos, los ladrones al verlo se asustaron y corrieron, entonces el abuelito se regresó a la cueva, agarró el dinero y se fue a su casa. Al llegar a su casa le dijo a su hija que fuera a casa del rico a decirle cuántas maquilas de dinero tenía. El rico, como era muy ambicioso, se puso a pensar que también vendería ceniza para ganar mucho dinero como el pobre. Al otro día salió a vender ceniza, pero nadie se la compró y ya era de noche, entonces fue a pedir posada en la cueva donde había pedido posada el pobre, los ladrones lo corretearon porque pensaron que él fue quien les robó el dinero que había en la cueva. Entonces se puso a pensar que no es bueno ser ambicioso y repartió todo lo que tenía a los pobres y vivió muy feliz con la gente del pueblo.
19 de mayo de 2008 /Sala de Prensa del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.



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