Julio, 2010
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Manuel de Jesús Ramírez, al rescate del maíz criollo en la mixteca
La Luz Nagore, Huajolotitlán, Oax. Octubre de 2009. “Dicen que pierdo el tiempo y que estoy loco por sembrar maíz criollo y no otras variedades que me dejarían más dinero, pero lo hago por la satisfacción de no perder esa semilla, y por la seguridad y confianza que ahora consumimos un mejor maíz, más dulce, más sabroso. Si comes una tortilla de maíz hibrido está áspera, tosca, si la vuelves a calentar se endurece, mientras que con el criollo no sucede eso, la calientas y está suavecita y de buen sabor”.
De esta manera inicia la charla con Manuel de Jesús Martínez Ramírez, originario de la Luz Nagore, comunidad ubicada en la mixteca baja oaxaqueña y en donde desde hace nueve años el productor y su familia se echaron a cuestas la enorme tarea de rescatar el cultivo del maíz originario y experimentar con otros maíces de la región de tal manera que en la actualidad cuentan con cuadro variedades: blanco, amarillo, azul y rojo.
“Como muchos otros, yo sembraba híbrido, pero el darme cuenta de lo que estábamos consumiendo y que nuestro maíz se estaba perdiendo ya que de los aproximadamente 37 productores de la comunidad solo siete de ellos continúan sembrando algo de criollo, fueron algunas de las causas que me hicieron regresar a la siembra del criollo”.
En la actualidad cada vez son menos las comunidades de la mixteca en las que se conserva el cultivo del maíz criollo u originario. Principalmente se sigue cultivando en las que están más alejadas de la ciudad y tienen un mayor arraigo al maíz, porque lo ven como parte de su cultura y siembran principalmente para el autoconsumo. Las comunidades que están más cercanas a la ciudad ven la producción de maíz como una opción para generar ingresos y por ello tienen que escoger el maíz que produce más. Es que los campesinos se ven obligados a entrar a la siembra de los maíces híbridos.
Los maíces híbridos son el resultado de cruzar un tipo de maíz con otro tipo, lo que produce una semilla que en la próxima cosecha dará muchas mazorcas y grandes rendimientos, pero sólo en la cosecha del primer año debido a que en la siguiente siembra las plantas se polinizan entre sí degenerando la cruza original, de manera que al sembrarse de nuevo produce mucho menos que las del primer año.
Refiere Manuel Martínez que al sembrar maíz criollo los productores cuentan con su propia semilla y no están expuestos a lo que les venda el mercado ya que “las casas semilleras te cambian cada año el maíz que les compras para sembrar y eso se vuelve un probadero de nunca acabar”. Otra ventaja de los maíces criollos es su bajo costo de producción pues producir híbridos cuesta entre 600 y 1,600 pesos el bulto; “mientras que yo invertí este año 70 pesos en semilla criolla para sembrar 4 hectáreas”.
Retornar a la siembra de los también llamados maíces originarios no ha sido fácil. Parte de esta dificultad se observa en los procesos de adaptación, pues el maíz tiene que aclimatarse a este lugar y desde luego que no se cosecha lo mismo que con los híbridos, además que se tienen que hacer la selección de maíz para que se vaya mejorando. El lograr este mejoramiento ha implicado conocimientos empíricos, técnicos y experimentales. “El principal problema es la adaptación, por ejemplo el blanco es semilla de aquí y los de colores los traje de San Miguel Ahuhuetitlán y de Tamazola, pero al momento que se aclimataron ya son criollos de esta población. Con los maíces de colores estoy en ese proceso”.
Otra dificultad se encuentra en el proceso de polinización ya que puede darse una cruza con los maíces híbridos que existan en el área cercana. “Lo ideal es contar con espacios retirados entre los diferentes terrenos de siembra. Siento que ahora voy a tener una mejor semilla por la cuestión que no hay hibrido cerca, entonces ya no es tanto que el aire o los insectos muevan el polen y voy a tener un criollo más legitimo”.
El productor considera que las barreras institucionales también dificultad siembra de los maíces criollos. Explica que actualmente hay una controversia porque en las instituciones oficiales existe un registro de lo que ellas consideran como semillas criollas, sin embargo la experiencia que tuvo al solicitar apoyo fue desalentadora pues para recibir apoyo de estas instituciones los campesinos deben presentar muestras de sus semillas criollas. En su caso, de las diferentes semillas que puso a consideración de las instituciones solamente una fue aprobada, “entonces, para quien dictaminó, el maíz que producimos no es criollo. Yo les decía que no se basaran en clasificar a simple vista, sino que debían hacer un análisis. Por ejemplo, tuvimos la oportunidad de observar un debate para la identificación de unas pieles. Uno de los peritos era un reconocido especialista que perdió el caso porque dictaminó a simple vista, el de la otra parte, que al final ganó el caso, se fundamentó con otros análisis más profundos; por eso yo digo que es necesario analizar más profundamente a los maíces criollos, para determinar el gen que está en la semilla. Por lo tanto, se está ante la necesidad de hacer una reclasificación de los maíces criollos”.
Ante los resultados el ánimo de Manuel es, sin duda, muy grande: “primero fue lograr el proceso la adaptación y el siguiente paso es que la parcela esté mejor atendida. Estamos pensando en el uso de bacterias orgánicas para lograr mejores resultados y solo utilizamos el fertilizante que producimos a través de compostas”.
De sus planes a futuro refiere: “a mediano plazo queremos que esto forme parte de un centro demostrativo para compartir nuestra experiencia con los campesinos y por qué no, ampliar los servicios que incluyan la venta de tortillas y platillos elaborados con maíz criollo”.
El proyecto “Rescate del maíz criollo”, fue apoyado en la emisión 2005 del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMYC) en el que participan la Dirección General de Culturas Populares del CONACULTA y la Secretaría de Cultura del gobierno del estado de Oaxaca.



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